Como buen hijo de san Ignacio de Loyola, Francisco tenía que tratar el tema del discernimiento en sus catequesis.
Dice el Papa que el discernimiento es un arte que se puede aprender. En su discurso, se detiene en distintos episodios de la vida de Jesús y les saca el jugo. Es fácil sobrevolar pasajes muy trillados del Evangelio y quedarse en el hecho impactante sin entrar en los entresijos, la relación personal que Jesús entabla con cada uno. Es muy interesante leer el Evangelio con ojos de discernimiento.
Cuando era adolescente me encontré personalmente con Jesús a través de personas que me impactaron por su vida cristiana alegre y auténtica, y me uní al grupo. Con ellos estaba muy a gusto, me sentía acogida. Lo que más me gustaba era que para ser cristiana tenía que olvidarme de mí misma, mirar a mi alrededor a ver qué puedo hacer para mejorar el mundo y pasar a la acción. Y no actuar por mi cuenta, sino junto con otros y en el nombre de Jesús.
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