La sensibilidad o el esfuerzo, no van al peso
Acabo de leer la entrevista en CN de abril sobre «la cultura del esfuerzo». Me parece acertada la visión del esfuerzo que comunica y hasta dónde intentar llegar. El profesor transmite su implicación personal, profesional y vocacional. Me ha gustado, la verdad.
Yo, por mi parte, he tornado a otro recuerdo: nuestro C., acompañante y también maestro, cuando sencillamente me hizo comprender lo que para mí era incomprensible. Desde entonces han pasado creo al menos 40 años. No me habló de talentos, aunque yo lo traduje en esa teoría; simplemente me puso delante la evidencia de que la sensibilidad (también ese esfuerzo que da título a la entrevista) no va al peso, y sobre todo no va al mismo peso para todos. No hay «café para todos» ni tampoco idéntica sensibilidad o idéntico esfuerzo para todos. Siento y sé que C. llevaba razón. Entre paréntesis, solo su recuerdo me hace ser mejor; lo digo como consecuencia de lo que para mí él ha supuesto, no como propio mérito.
Ya sé que es una obviedad, pero con frecuencia se olvida, o yo al menos lo olvido frecuentemente. Los juicios que cientos de veces hago en un solo día son consecuencia de no tener presente la asignación de talentos. ¿Cómo puede sorprenderme cualquier reacción solo porque no es la que yo habría tenido? Esa otra persona tiene una cierta sensibilidad, un cierto talento, pone en ello un determinado esfuerzo y yo, por mil razones que no dependen de mí, tengo otro y bien distinto. Y eso vale también, que no se me olvide, para los cientos de casos en que hoy, ayer y mañana alguien me juzgará por tener menos (o distintos) talentos, sensibilidad o esfuerzo.
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