La palabra cuidado recorre las páginas de este número. No como la advertencia exclamativa (¡cuidado!) que nos pone en guardia ante un peligro, sino como propuesta para salir de uno mismo y prestar atención a las personas y el mundo que nos rodea. La investigadora Alejandra Rubio lo ilustra bien hablando de la incoativa Semilleros de Cuidado para la Vida en Colombia, cuya finalidad es «contribuir al bienestar de las asociadas y sus familias, así como al relevo generacional, involucrando también a los jóvenes de la comunidad en los procesos».
De cuidar y cuidarnos (ahora sí, con cierto tono de advertencia) nos habla Vicente Villatoro, médico de atención primaria, en su reflexión sobre la situación de la sanidad en España, pues es evidente que estamos ante «una crisis profunda y progresiva de la sanidad y es necesario repensar el modelo». Y en espera de que tal cosa ocurra, Francisco Toro, estudiante de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, aporta unos consejos para prevenir con la actividad física algunos problemas de salud mental que están aumentado de modo alarmante. «El ejercicio físico –dice– contribuye a mejorar la autoestima, el estado de ánimo, ayuda a liberar el estrés y la ansiedad, nos motiva para cumplir metas y aumentamos nuestra energía».
Desde otro punto de vista, el cuidado también lo aborda Victoria Gómez conversando con el pedagogo Juan Luis Fuentes sobre la cultura del esfuerzo: «Nadie parece rechazar la idea de que la mayoría de las veces hay que estar dispuesto a esforzarse para obtener lo que se desea», ya que «hay cuestiones sobre las que merece la pena insistir porque no se consiguen a la primera de cambio». Un ejemplo de ese esfuerzo lo aporta Susana Calvo en su testimonio Basta que ames tal como eres. También nuestros jóvenes redactores nos dan ejemplo del esfuerzo que supone querer ser auténticos.
Un punto y aparte: la entrevista a Giovanni María Vian, que fue director de L’Osservatore Romano, sobre Josep Ratzinger y su búsqueda de la verdad, un papa para quien «la razón sostiene un modo de vivir la fe compatible con la naturaleza del ser humano; la razón caracteriza al ser humano, le permite dialogar con los demás, es un terreno común», subraya Vian.
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