Seguramente uno de los mensajes más bonitos de la película de Disney Ratatouille es que «cualquiera puede cocinar». Esto podríamos trasladarlo en mayor o menor medida a la actividad científica: «cualquiera puede investigar». Cada vez es más frecuente que distintos actores sociales y el público en general intervengan en proyectos de investigación asociados con problemáticas ambientales o distintas disciplinas (ecología, química, astronomía, paleontología), involucrándose en alguna de las etapas de una investigación. Es lo que se conoce como Ciencia Ciudadana, que posibilita una mayor democratización del conocimiento generado y fortalece la relación ciencia-sociedad al abrirse a la comunidad en un intercambio sistemático, dando así respuesta a las demandas sociales y contribuyendo a la sostenibilidad.
Que haya voluntarios y voluntarias fuera del ámbito académico que contribuyan a la generación de conocimiento no es algo nuevo. Podemos pensar en los museos de historia natural de todo el mundo, en cuyas salas de exposición hay muchos materiales y especímenes recolectados y donados por individuos de la comunidad. O también podemos remontarnos al mismo Darwin, quien para escribir y desarrollar sus teorías biológicas aprovechó el intercambio de cientos de cartas con personas que le contaban sobre distintos organismos biológicos que habían observado, y le describían sus características y comportamientos.
Lo cierto es que se comprende cada vez más que la ciencia como actividad puede pensarse y extenderse más allá de un laboratorio o campo donde solo intervienen especialistas para incluir la participación popular, aprovechando la diversidad cognitiva de actores no académicos que donan su tiempo de manera voluntaria, motivados por el aprendizaje, el desarrollo personal, el entretenimiento o simplemente la curiosidad. Se intenta revalorizar la acción de las personas voluntarias que van mutando de meros aficionados a científicos ciudadanos, que aprenden y al mismo tiempo colaboran; hacen propia la investigación y se benefician de ella, en un trabajo conjunto que amplía la base de conocimientos compartidos.
En los años ochenta algunos autores ya hablaban de una concepción de Ciencia Pueblocéntrica y en la década del 2000 se formaliza con la denominación de Ciencia Ciudadana, con distintas acepciones hasta el día de hoy y mucha bibliografía al respecto. Se refiere a iniciativas de investigación colectiva, participativa y abierta que apuntan a un modelo democrático de construcción conjunta de conocimiento. La Ciencia Ciudadana, a su vez, forma parte de un marco conceptual más amplio que se denomina Ciencia Abierta, como nueva forma de crear y compartir el conocimiento científico.
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