La portada de este número orienta una vez más hacia la atención por las personas que nos rodean, ya sea física o virtualmente (redes sociales), incluso las que vemos en la pantalla del televisor. Desgranando la cualidad de la empatía, Victoria Gómez habla con la neurocientífica Catherine Belzung, quien afirma: «Podemos decir que estamos hechos para el otro y que esta capacidad está arraigada en nuestra biología, en nuestros genes y nuestro cerebro». Al hilo de esta afirmación cabe preguntarse cuánta empatía hubo durante la última reunión del Consejo Europeo al tratar el espinoso problema de la inmigración. Según los autores de las páginas En diálogo, muy poca, ya que «hay millones de personas esperando su oportunidad para rebasar las puertas de la UE; eso debería ayudar a avanzar en esta materia».
La filóloga Teresa Pajares nos trae una sucinta reflexión, de matiz literario, sobre las Palabras sin fronteras, esas que viajan desde otra lenguas y «nos hacen apreciar consciente o inconscientemente las propias de nuestro idioma», algo que ocurre sin duda por empatía. La misma que demuestran todas esas personas que, sin ser profesionales, colaboran en proyectos de Ciencia Ciudadana. De ello nos habla la bióloga argentina Mariela Borgnia, valorando el esfuerzo de esos «actores no académicos que donan su tiempo de manera voluntaria», hasta el punto que «actualmente el 85 % de la información a nivel de especies es recopilada por voluntarios».
La empatía rezuma también en los testimonios de vida que solemos publicar. Así comienza esta vez uno de ellos: «Hace tiempo que sentía la necesidad de salir al encuentro de esos rostros de Jesús abandonado, o sea, situaciones de dolor y sufrimiento, que encontramos en todas partes». Y por empatía la doctora María Inés Nin nos aporta una serie de recomendaciones para «comer bien», teniendo en cuenta que «la alimentación humana va más allá de una mirada exclusivamente asociada a la biología, a la nutrición o a la salud. Es un fenómeno que integra otras dimensiones como la psicológica, la ética o la cultural».
¿Seguimos siendo empáticos? Según el artículo de Juan Carlos Duque, «las investigaciones demuestran que los jóvenes carecen de resiliencia emocional e independencia en comparación con las generaciones anteriores», ahora bien, la doctora Belzung no duda en decir que «la empatía debe ejercitarse y estimularse, y no solo porque nos permite construir una sociedad basada en la fraternidad y la amistad, sino también porque nos hace más felices».
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