Un recuerdo
Revisando entre los recuerdos de mi mujer, he encontrado este texto que me gustaría compartir con los lectores de Ciudad Nueva. Espero que les guste.
«Entre mis alumnos de preescolar he tenido uno excesivamente nervioso, inquieto y agresivo, con dificultades para relacionarse con los demás en clase, que procuraban evitarlo. De muchas maneras intenté que cambiara de actitud, pero todo resultaba infructuoso. Llamé a los padres y acudió su mamá. Hablamos extensamente y me contó que tenían un grave problema familiar.
»Un día el niño no acudió a clase. Pensé que esa era mi ocasión para hablar con toda la clase sobre él. A ello me invitaba una frase del evangelio que dice: “Hermanos, no os quejéis unos de otros”. Con la seguridad que me daba este consejo, me propuse afrontar la situación. Reuní a los alumnos en corro y los invité a hablar de su compañero. Como era de esperar, recibí quejas por parte de casi todos. Después de haber escuchado a todos, intervine para hacerles comprender que posiblemente su compañero tenía problemas personales, que con su comportamiento quizás trataba de aplacar sus tensiones y que, con nuestro rechazo, en lugar de ayudarle, le estábamos perjudicando más todavía. Al final quedamos de acuerdo en tratarlo y responderle con amabilidad, sin devolverle ningún daño.
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