A sus 91 años el cineasta oscense Carlos Saura demuestra estar en un estado de vitalidad envidiable. No en vano el año pasado escribió y dirigió la película El Rey de todo el mundo, que se estrenó en España el 12 de noviembre. Se trataba de una excelente propuesta musical sobre la creación artística, coproducida con México. De hecho, esa misma creatividad artística se ha visto reflejada en su amplísima filmografía, que cuenta con casi sesenta títulos notables que han pasado por la gran pantalla, como La caza (1965), El jardín de las delicias (1970), Cría cuervos (1975), Deprisa, deprisa (1981), Bodas de sangre (1981), ¡Ay, Carmela! (1990), Tango (1998), Goya en Burdeos (1999) o El séptimo día (2004) entre un largo etcétera.
Por otro lado no es de extrañar que también se haya manejado con soltura en la dirección de teatro, a tenor del aprecio que tiene por él, tras sus luminosas aportaciones al cine inspiradas en los dramaturgos Federico García Lorca, José Sanchis Sinisterra o el pintor Francisco de Goya, por ejemplo.
Y todo ello para recordar que, con todo merecimiento, el 11 de febrero recibirá la máxima distinción del cine patrio, es decir, el Goya de Honor. Será en Sevilla, donde se celebrará la 37 edición de nuestros galardones con más eco mediático.
Valga esta ligerísima presentación de don Carlos para recordar que desde el 3 de febrero está a las salas de cine españolas su último trabajo, Las paredes hablan. Se trata de un documental que, además de dirigir en solitario, ha coescrito junto a José Morillas. Este escritor ya participó hace diez años en el guion de La pasión del Prado, que codirigió junto a Juan Carlos González Asenjo. Por su lado, Wanda será la distribuidora que gestione Las paredes hablan.
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