Con el cambio de año, nuevos propósitos. Estoy seguro de que en la lista de muchos está el mejorar la salud: bajar de peso, empezar a salir a correr, comer mejor… Cada año lo mismo. Empezamos a cambiar hábitos de un día para otro con la dosis extra de motivación post-navideña y la esperanza de mantenerlos en el tiempo, hasta que volvemos a la rutina y suele ser cuestión de semanas que abandonemos. Tratemos, pues, de entender algunos conceptos básicos del entrenamiento para facilitarnos un poco el camino y no desistir.
Tomar conciencia de nuestra salud
Antes de entrar en materia hago hincapié en lo importante que es tomar conciencia del cuidado de nuestra salud, ya sea a nivel nutricional, físico o psíquico. A menudo anteponemos las obligaciones al entrenamiento, pero si fuéramos conscientes de las implicaciones que tiene en todas las esferas de nuestra vida, quizás lo pondríamos como prioridad. Lo haríamos a diario, como pastilla recetada por el médico de cabecera, todos los días a la misma hora. El ejercicio físico en esencia es eso, la mejor pastilla que podemos tomar. Es responsabilidad nuestra cuidarnos para vivir mejor, así como para lograr llegar a una edad avanzada y con la mejor calidad de vida.
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