–Ianire, de todo lo que hablamos la vez anterior sobre los abusos, ¿podemos sacar alguna certeza?
–Al menos dos. La primera es que hay una estrecha relación entre el abuso sexual y el abuso de poder. Sin ser demasiado exacta, podemos decir que el abuso de poder es un gran paraguas bajo el cual caben muchos modos de abuso: influir en la conciencia, aprovecharse de un cargo, de lo económico... Al abuso sexual se llega desde el abuso de poder. Siempre hay una “asimetría” de la que se aprovecha. Entre un adulto y un niño la asimetría es clara, pero también la hay entre alguien fuerte y alguien débil, entre un jefe y un subordinado… Esa asimetría la aprovecha el abusador en su beneficio, no en beneficio del otro. Retomando la imagen del iceberg, del que solo se ve la punta (el abuso sexual), podríamos entender que todo él son formas de abuso de poder, incluida la punta.
–¿Y la otra certeza?
–Que se trata de un problema estructural. No digo que las estructuras provoquen abusos, sino que hay elementos en los grupos humanos, asociaciones o instituciones que facilitan el abuso. Metafóricamente diría que no hay manzanas podridas, sino cestos que provocan que las manzanas se pudran. Es decir, dinámicas y formas de organizarse que facilitan el abuso.
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