Mi yo de dentro de cinco años, ¿qué pensará de mi yo actual? ¿Sentirá orgullo o vergüenza? ¿Le gustarán las relaciones que construiré o considerará a muchas una pérdida de energía? ¿Vivirá con pena por las oportunidades que dejaré pasar o tendrá la conciencia tranquila porque lograré dar lo mejor de mí? Un lustro es bastante tiempo. Quizá, al cabo de un lustro, sea capaz de observar una moneda y ver su canto y todas sus muescas, no solo sus dos caras. Quién sabe… cinco años pueden dar para mucho.
Me reconcomían estas preguntas. En realidad, no me daba cuenta, pero allí estaban rondándome, escondidas. Llegó un momento en que empecé a sentir que me encontraba inmersa en un examen repleto de preguntas sobre mis próximas acciones y el futuro que me esperaba. Fueron días agobiantes. Supe, con total seguridad, que aprobar un examen oral de física cuántica me resultaría mucho más sencillo que uno sobre el futuro que me esperaba.
Han pasado seis meses y sigo sin tener las soluciones. No he obtenido una sola respuesta. Sinceramente, ni tan siquiera creo que existan. Ese examen imposible continúa sobre mi cabeza, aunque ahora solo observa, con las opciones del tipo test aún ocultas, pero ya no tenebrosas. Es más, percibo que los folios se han teñido de un bonito color pastel que varía según el día; los encuentro bastante más atrayentes y entretenidos que los del antiguo examen.
Llegar a este punto no ha sido nada fácil. El camino empezó en el momento en el que dejé de temer a la prueba. ¿Qué me ayudó? Una decisión. Decidí, por primera vez en mi vida, no preparar el examen. Total, ¿de qué serviría agobiarme estudiando, si el temario es impredecible? De nada absolutamente. Con esa conclusión, en un santiamén, ese amasijo de folios que se ceñía a mi cabeza me permitió ver una anotación de color verde. Respuesta acertada, supuse. Seguramente, con el tiempo, me mostrará también muchos comentarios en rojo, y algún que otro regular. Pero eso no me detendrá. Me presentaré a todas las convocatorias, claro que sí. Voy a escribir el nombre con letra clara y bonita y los números de la fecha bien legibles. Y confiaré en poder contestar algo con sentido, o que al menos el profesor sea indulgente corrigiendo.
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