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Tiempo de paz, tiempo de unidad

Chiara Lubich


¿Cómo pensar en la paz y en la unidad del mundo sin ver a toda la humanidad como una única familia? ¿Cómo verla de esta manera sin un Padre de todos? Requiere, pues, que abramos el corazón a Dios Padre, que no abandona a sus hijos a su destino, sino que los acompaña, los protege, los ayuda. Conociendo al ser humano en lo más íntimo, se ocupa de cada uno en todos los detalles, cuenta hasta los cabellos de su cabeza [...], no pone sobre sus hombros cargas demasiado pesadas, sino que es el primero en llevarlas. No deja únicamente en manos de los hombres la renovación de la sociedad, sino que él mismo se ocupa. Creer en su amor es el imperativo de esta nueva espiritualidad; creer que somos amados por él personalmente e inmensamente. Creer. […] 
No basta creer en el amor de Dios, no basta haber hecho la gran opción por él como Ideal. La presencia y los cuidados de un Padre para con todos llama a cada uno a ser hijo, a amar al Padre, a realizar cada día el especial proyecto de amor que el Padre piensa para cada uno, es decir, hacer su voluntad. Y la primera voluntad de un padre es que los hijos se traten como hermanos, que se quieran y se amen, que conozcan y practiquen lo que se puede definir como arte de amar. Su voluntad es que amemos a todos como a nosotros mismos, porque «tú y yo –decía Gandhi– no somos sino una sola cosa. No puedo hacerte daño sin herirme». 
Quiere que seamos los primeros en amar, sin esperar a que los otros nos amen. Significa «hacerse uno» con los otros, asumir sus pesos, sus pensamientos, sus sufrimientos, sus alegrías. Y si este amor al otro lo viven más personas, se vuelve recíproco. Cristo, el Hijo por excelencia del Padre, el Hermano de cada ser humano, dejó como norma para la humanidad precisamente el amor mutuo. Él sabía que era necesario para que haya paz y unidad en el mundo, para que todos formen una única familia. 
Para cualquiera que intente hoy mover las montañas del odio y la violencia la tarea es enorme, ardua. Pero lo que es imposible para millones de seres humanos aislados y divididos parece que se vuelve posible para personas que han hecho del amor recíproco, de la comprensión recíproca, de la unidad el motivo esencial de su vida. […] 

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