DESCUBRIR NO ES UNA ANÉCDOTA
Covadonga: El nuevo curso me ha maravillado con un montón de descubrimientos. En ámbito académico, este será mi último curso de Bachillerato y sorprende lo diferentes que resultan las relaciones con compañeros y profesores, así como el nivel exigente de trabajo. En la parte más personal, en cambio, me he percatado de matices de los que antes no era consciente.
Con el paso del tiempo, todos vamos aumentando en sabiduría. Sin embargo, creo encontrarme en una edad que supone un punto de inflexión entre la niñez y la adultez. Poco a poco, soy más capaz de darme cuenta de las actitudes ajenas y de las consecuencias de mis propias acciones, una situación delicada que, sospecho, muchos adolescentes sufren: no sabemos bien qué rol desempeñamos en la sociedad. Oscilamos entre los títulos «niño grande» y «adulto pequeño», descubriendo, paso a paso, lo que de verdad significa ser «mayor». Creo que la clave para sobrevivir en esta etapa y adaptarse a los cambios que conlleva es tomarse la vida con calma y reflexionar. Porque si un descubrimiento se queda en una anécdota y no trasciende, no nos permite evolucionar como personas, que es, al fin y al cabo, lo bonito de los cambios. ¿Qué hubiera pasado si Newton hubiese achacado a la casualidad el desprendimiento de la manzana? Para mí, las dificultades son pruebas que la vida misma nos procura y que Dios nos acompaña a encarar con su providencia; hacen que nos volvamos más resilientes, reforzando nuestra relación con Él.
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