Estoy pensando en volver a meditar los Estatutos2: ahí encuentro el cauce de mi vida y la de todos nosotros. «La perfección de la caridad» es el objetivo. Creo que si en nuestra vida únicamente tratáramos de ser perfectos en el amor a Dios y a cada hermano que encontremos, o con quienes veamos en la actividad que desempeñemos, no habría que hacer nada más.
Sí, porque perfectos en la caridad a Dios significa ser perfectos en observar cada una de sus leyes: perfectos en vivir de esa caridad que el Espíritu Santo ha derramado en nuestros corazones y hace de nosotros pequeños soles junto al Sol. Habiendo descubierto que Dios es Amor y que somos hijos suyos, nuestro designio podría ser la realización del dicho de Jesús: Dii estis3, amor junto al Amor, pequeños Jesús junto a Jesús, pequeñas María junto a María.
Ser perfectos en la caridad significa poseer un amor perfecto hacia los hermanos, que desarrolla en nosotros todas esas otras virtudes cristianas, dándonos la verdadera y altísima pobreza, la pureza transparente, la humildad total, la perseverancia hasta el final sin darnos cuenta, la paciencia sin que nos pese…
Perfectos en la caridad –no solo con quien pasa a nuestro lado, sino con todos– significa ver la belleza que hay en todo y en todas las vocaciones de la Iglesia, captar lo positivo de todos los pueblos y contribuir con esta actitud decidida a la fraternidad universal y la paz. Significa valorar el cristianismo que vive en el seno de las distintas Iglesias cristianas, comprender las buenas aspiraciones de todas las personas, incluso las alejadas de Cristo, dando así el primer paso para ofrecerles la verdad plena.
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