–Acabas de publicar Brújula para una buena vida, un libro que llevas planificando desde hace casi 24 años. ¿Qué supone para ti materializar este sueño?
–Sí, este proyecto llevaba mucho tiempo en mi cabeza. Recuerdo que, cuando nació mi primer hijo y estaba en el hospital, lo miraba y una pregunta me daba vueltas: ¿dónde está el libro de instrucciones? Además de un amor y una ternura desbordantes, me invadían otras emociones: vértigo, miedo, desasosiego, desconcierto, inquietud… No me atrevía a hablar con mi madre y otras personas, que no paraban de decirme qué debía hacer. Parecía que todo el mundo a mi alrededor sabía qué hacer mientras yo me encontraba paralizada.
Este libro está escrito para y por mis hijos, Xabier (casi 24) y Ander (22). Tengo la ilusión de que lo lean algún día. Me habría gustado escribirlo antes de que nacieran, pero creo que es mucho más rico ahora que he recorrido un largo camino educándoles y he tropezado en muchas piedras. Una preocupación ha estado presente desde el día que nacieron: que sean buenas personas. Si cualquiera me pregunta qué quiero para mis hijos, esa es la respuesta.
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