El 20 de junio de 2022 se celebró el Día Mundial del Refugiado. Cuatro días después supimos con horror de la muerte de al menos 23 personas en Nador, localidad fronteriza con Melilla, cuando trataban de escalar la valla. Tres días después las autoridades de inmigración y la policía local de San Antonio (Texas, EEUU) encontraron dentro de un camión abandonado a 53 migrantes muertos por el calor y la deshidratación. Son sucesos trágicos que se multiplican.
Fenómeno de magnitud y extensión sin precedentes
Según el Informe sobre las Migraciones en el Mundo de ACNUR (mayo 2022), en 2021 más de 100 millones de personas en el mundo huían por «persecuciones, guerra y violaciones de los derechos humanos». En un año se ha producido «un aumento del 8%» y cerca de 37 millones de niños son refugiados, migrantes o desplazados en sus propios países, según UNICEF. Se estima que un 52% de los jóvenes de África desean emigrar. El Líbano ha acogido el mayor número de refugiados per cápita (1 por cada 8 habitantes), mientras que el 72% del total son recibidos en países vecinos con escasos recursos.
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