Una vía de escape
Les cuento esto porque sé que en Ciudad Nueva se da mucho valor a los testimonios y quizás le pueda servir a algún lector.
Por mi profesión de asesor, me llamaron de una empresa para tratar de evitar que hiciera agua por todas partes. A medida que iba entrando en la situación me di cuenta de que se trataba de una mala gestión y además había muchos intereses personales de por medio. Cuanto más me metía en los meandros del problema, peor impresión me causaban los que querían justificar unos procedimientos totalmente carentes de profesionalidad. No sabía muy bien qué hacer. Hablé con la persona que sin duda era la causante del desorden económico y me dijo que ella y su familia también tenían derecho a ser ayudados.
Estaba tan desorientado que opté por comentárselo a mi mujer. Y fue justamente ella, por su condición de mujer y porque es creyente, quien me hizo comprender que me estaba equivocando. En resumen, vino a decirme que en cualquier situación difícil siempre hay involucradas personas y las posibles soluciones no surgen discutiendo sobre principios y legalidades, sino del encuentro. Mi mujer, que es profesora de literatura, citó la frase de un poeta: «La paz viene de la comunicación». Esto me hizo pensar que entre mí y la persona que yo consideraba culpable no había habido un diálogo, sino un enfrentamiento. Así que fui con otra actitud a la siguiente reunión con la directiva de la empresa y desde ese momento hemos vislumbrado una vía de escape para salir del atolladero.
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