Un día Luisa preparó las maletas y volvió con sus dos niños a casa de sus padres, dejando a su marido plantado en un vacío total. La culpa la tuvo el confinamiento, pues en la convivencia forzosa salieron a flote todas sus fragilidades y todas sus soledades. No es el único caso.
Para poder crecer, toda familia tiene que hacer frente a muchos retos. Tener unos trabajos gravosos, ser eficientes, el consumismo afectivo, el individualismo y algunos ismos más van generando una bomba explosiva que fácilmente conduce a la separación. Toda pareja querría encontrar un amor capaz de resistir a lo largo del tiempo, pero muchas veces no saben qué hacer y van pasando de una relación a otra en el vano intento de sentirse por fin satisfechos.
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