La Palabra de Vida de este mes está sacada del libro de los Salmos, que recoge las oraciones por excelencia, inspiradas por Dios al rey David y a otros orantes para enseñarles cómo dirigirse a Él. En los Salmos todos tenemos nuestro sitio, pues tocan las cuerdas más íntimas del alma, expresan los sentimientos humanos más profundos e intensos: la duda, el dolor, la ira, la angustia, la desesperación, la esperanza, la alabanza, el agradecimiento, la alegría. Por eso los puede pronunciar cualquier hombre y mujer de toda época y cultura y en cualquier momento de la vida.
«Tú eres mi Señor, mi bien, nada hay fuera de ti».
El salmo 16 era el preferido de muchos autores espirituales. Por ejemplo, santa Teresa de Jesús comentaba: «Quien a Dios tiene nada le falta: solo Dios basta». El padre Antonios Fikri, teólogo de la Iglesia Ortodoxa, señalaba: «Este es el salmo de la resurrección, por eso la Iglesia lo reza en las primeras horas […], ya que Jesús resucitó al alba. Este salmo nos da esperanza en nuestra herencia eterna, y por eso lo encontramos bajo el título de “dorado”: quiere decir que es una palabra de oro, una joya de la Sagrada Escritura».
Hagamos la prueba de repetirlo pensando en cada palabra:
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