La «Cantata del adelantado Don Rodrigo Díaz», obra musical del grupo argentino Les Luthiers, es una lectura paródica de la llegado de los navegantes españoles a las costas americanas. E un momento dado, el diálogo entre conquistadores y nativos desata las carcajadas del público, cuando los indios corean: «¡Nos descubrieron, por fin nos descubrieron!». Aparte la crítica en clave cómica, el grito de los nativos evidencia un concepto que en Europa hemos asimilado desde la escuela elemental. A saber, que los descubridores somos siempre nosotros y los descubiertos son los demás. No hay narrativa histórica, novelesca, fantástica o cinematográfica al respecto que no sea eurocéntrica. Sin embargo, también los demás nos han descubierto a nosotros. Simplemente porque llegar a conocer algo que antes se desconocía es una capacidad atribuible a cualquier persona, pueblo o cultura.
En esta línea de pensamiento se mueve la joven investigadora española Sirio Canós Donnay. Doctora en Arqueología por la Universidad de Oxford, ella misma se presenta como «especializada en estados precoloniales de África occidental» y actualmente dirige un proyecto arqueológico en Senegal para poder documentar el desconocido reino medieval de Kaabu. Ha colaborado en la publicación de libros con otros autores, pero sobre todo en los últimos años se la conoce por artículos suyos que precisamente invitan a replantearse quién ha descubierto a quien, y con sugerentes títulos como «Cuando África descubrió España» o «El descubrimiento de Europa». La serie de tres artículos que componen este último título es ciertamente interesante. Sucesivamente dejan ver cómo China y Japón descubrieron a los europeos, luego cómo lo hicieron Persia e India, y por último África. «Quién es considerado descubridor y quien exótico es solo una cuestión de perspectiva», afirma la autora.
«Cuando pensamos en grandes exploradores –empieza la serie de artículos–, la imagen que tendemos a evocar es la de un hombre blanco atisbando el horizonte desde el castillo de popa. Esta visión parcial, masculina y unidireccional de la exploración, en que siempre somos los europeos los que descubrimos a “los otros”, obvia no solo la diversidad de los viajes de exploración, sino también que los europeos fuimos “descubiertos” infinidad de veces por otras civilizaciones y culturas». Entre los ejemplos que cita, documentados en textos de distintos siglos, es interesante la descripción que hace de España el viajero chino Xie Qinggao (1765-1822):
«Sus gentes son feroces y astutas. La principal religión es el catolicismo. Producen oro, plata, cobre, hierro, vino, cristal, relojes y otras cosas. Los dólares de plata usados en China se fabrican en este país.[…] El rey del país se llama li-rei. Su hijo mayor se llama li-fan-tieh [el infante]; sus otros hijos pi-lin-shipi [príncipes]; sus hijas pi-lin-so-shih [princesas]. El primer ministro se llama kan-tieh [conde]; y el comandante superior del ejército ma-la-qui-tsa [mariscal?]». También es curiosa la presión que causaban los nanban-jin (bárbaros del sur) transmitida en la crónica Yaita-Ki (s. XVII): «Comen con sus dedos en vez de con palillos como hacemos nosotros. Muestran sus sentimientos sin ningún autocontrol. No alcanzan a comprender el significado de los caracteres escritos».
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