En agosto de 2021 nos trasladamos a Harlem, un barrio con una renta media de 26.700 dólares anuales (la mitad de la media nacional). No sabíamos cómo cambiaría nuestra vida en pocos meses. La mayoría de los habitantes es afroamericana y latina, gente en condiciones de extrema pobreza, disminuidos mentales, indigentes, drogodependientes, alcohólicos… En el trayecto desde la estación de metro a casa te cruzas con al menos 10 o 15 personas completamente ebrias.
En este barrio la desigualdad es habitual, lo cual nos ha llevado a afrontar como nunca la discriminación racial. Primero creamos un grupo compuesto por blancos y negros en el que aprendíamos unos de otros. Luego hicimos reuniones abiertas por Zoom con el objetivo de conocer mejor la discriminación racial involuntaria, así como los prejuicios políticos dentro de nuestra comunidad local. Estas conversaciones honestas nos han dado fuerza, han propiciado un diálogo profundo y el respeto recíproco, y no solo dentro de nuestro grupo.
Hay varias parroquias católicas, pero hemos elegido una pobre y ruinosa. La dirige un pastor de Burkina Faso, pastoralmente muy activo, que está tratando de unir las tres comunidades de su parroquia (afroamericanos y haitianos, latinos y blancos). Nos ofrecimos a ayudarle en el reparto de alimentos. De este modo estamos conociendo mejor la comunidad y el voluntariado de la parroquia.
Constantemente nos cruzamos con personas materialmente pobres. Había una señora que se sentaba en su silla en nuestra calle. Hablando con ella conocimos las tremendas dificultades que afrontan los que están en la calle. Lina había venido a Nueva York buscando oportunidades, pero le robaron todo el dinero y los documentos, así que se vio imposibilitada de irse y tirada en la calle. Cuando llegó el frío de diciembre le ofrecimos el sótano de nuestra casa, pero no quiso. Seguimos en contacto con ella y finalmente un día nos pidió un favor: comprarle un café en el bar. Más adelante nos pidió el café y un bollo. Y así la relación de confianza se volvió estable. Nuestra limosna en la parroquia y en la calle fue en aumento, así que decidimos echar mano a nuestros ahorros.
Leer más