Gaudí no era el genio aislado e incomprendido que la bibliografía nos ha dado a entender, «ni un santo que saca sus extraordinarias y excéntricas formas artísticas de su interior como si estuviera tocado por la inspiración divina», dice Juan José Lahuerta, comisario de la exposición. Tampoco era un arquitecto desconocido y fuera de su tiempo. Sus clientes fueron la burguesía y la iglesia. Gaudí era muy popular, sus edificios fueron difundidos por la prensa y en postales como imagen de Barcelona.
El Museu Nacional d’Art de Catalunya presenta una revisión crítica de la trayectoria de Gaudí (1852-1926), desde sus años de formación hasta su muerte, con la exposición: Gaudí. Fuego y cenizas. La muestra reúne más de 650 objetos (arquitectónicos, de diseño y mobiliario, obras de arte, documentos, planos, fotografías) que se ordenan en diferentes ámbitos, lo que permite lecturas paralelas y a veces entrecruzadas: Gaudí: una nueva mirada; Las dos caras de Barcelona; Años de formación de Gaudí; Primeros proyectos; Proyectos para Eusebi Güell; Casa de pisos en el Ensanche. Casa Calvet, Casa Batlló, Casa Milá; Exposición de París; Arquitectura religiosa y restauración litúrgica. La Catedral de Mallorca; El templo de la Sagrada Familia, El taller de Gaudí; La doble fortuna de Gaudí.
Cuando el arquitecto llegó a Barcelona en 1868, encontró una ciudad en plena transformación por el derribo de las murallas. Una ciudad que miraba al futuro y a la vez era escenario de la lucha de clases, conocida como la Rosa de Fuego. Uno de los mitos que quiere desmontar la exposición es que Gaudí fuese heredero de la tradición artesana de generaciones de caldereros de su familia y que aprendió todo observando la naturaleza en una especie de ciencia infusa. También se ha dicho que despreciaba la enseñanza académica y que desconocía lo que otros artistas estaban haciendo en Europa. Pero no es así. Se formó en la Escuela de Arquitectura y allí, como puede verse en sus proyectos estudiantiles, participó activamente en las polémicas intelectuales del momento. A través de libros, revistas y fotografías de la Biblioteca de la Escuela conoció las obras de los teóricos y arquitectos europeos más influyentes, como Viollet-le-Duc, John Ruskin o los reformadores ingleses del diseño.
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