De un tiempo a esta parte el cine religioso, ese que no es fruto de sacristías ni ñoñerías, pero que es capaz de incluir la esencia del mensaje cristiano en toda su dimensión, viene despertando pasiones. Sea por su tono divulgativo, sea por la necesidad que tiene el espectador de detenerse un instante a reflexionar sobre el porqué de estas películas, este tipo de cine, tan habitual y típico de los años 50 se halla en un momento de especial esplendor y lucidez.
Uno de los ejemplos más representativos de este fenómeno es Vivo, filme producido por Hakuna Films (movimiento católico fundado en 2013 por el sacerdote español José Pedro Manglano) del que ya hemos hablado en el número 595 (abril 2021) al rebufo de su éxito en España tras su estreno.
El pasado 25 de noviembre se estrenó en México y en un determinado momento, según datos acreditados por Comscore, llegó a situarse entre las diez películas con mayor recaudación, colocándose en la octava posición con tan solo treinta copias; es decir, una media de 393 espectadores por copia y más de 1.100 euros de recaudación. En España se había exhibido solo en seis cines y obtuvo una recaudación media superior a los 5.000 euros.
Con tales mimbres, y con la vista puesta en lanzarse en solitario a explorar Hispanoamérica, Bosco Films, su distribuidora, ha empezado a mover su aventura a otros once países de América Latina desde el pasado 2 de diciembre. Y es que las cifras hablan: más de doce mil personas han visto Vivo, que pasa a ser el más documental español con más espectadores en cines en el mundo en 2021.
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