Vivir el presente
Dicen que de la pandemia saldremos distintos, y esperemos que mejores. Yo no estoy seguro de eso. Si después de dos guerras mundiales, incluido un holocausto, aún no nos hemos vacunado contra la violencia y el racismo, no me cabe en la cabeza que un virus nos pueda enseñar algo. Una cosa sí que es cierta: nos ha obligado a todos a programarnos menos, porque nos lo impide el constante cambio de escenario sanitario, las restricciones, los aislamientos… Ahora vivimos más el presente.
Estoy pensando que esta situación de incertidumbre podría ayudarnos a entender un poco la mentalidad y el estado de ánimo de los inmigrantes. Me vienen a la mente esos jóvenes que venden periódicos y otras cosas en la puerta de supermercado. Son casi unos críos, solos, sin familia y en un país extranjero. ¿Qué programa de vida tenían cuando vinieron aquí, cuáles eran sus perspectivas de futuro? Muchos están destinados a permanecer en una situación de precariedad, sin un trabajo estable, sin acceso a ciertos servicios… Me impresiona pensar que tienen que vivir al día, en el presente. Hasta no hace mucho me costaba entenderlos, pero después de la pandemia… No queda más remedio que vivir el presente, igual que ellos.
Esta es mi conclusión: el presente es la posibilidad de comprender mejor al otro. Y esto me lo ha enseñado un virus. Espero no olvidar la lección.
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