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EXPOSICIÓN

Clara Arahuetes

Vázquez Díaz, biografías pintadas
Durante la primera mitad del siglo XX coexistían en el arte español tendencias dispares. Por un lado, el apego a la tradición como afirmación de la propia identidad; por otro, el interés por las corrientes internacionales cuyo centro era París. Todo esto se refleja en la obra de Vázquez Díaz y otros artistas de su época. La colección que tiene Mapfre de Vázquez Díaz está formada por seis óleos de las etapas fundamentales del artista y un centenar de dibujos de la serie «Hombres de mi tiempo». Es una de las galerías iconográficas más importantes de la España del siglo pasado. Se puede ver hasta el 31 de mayo en la Fundación Picasso de Málaga (Plaza de la Merced, 13). El marco cronológico de la exposición se sitúa entre 1908 y 1935. Se inicia con el pintor en París, donde realiza obras de tema español, y finaliza en la España republicana, considerado ya como un gran maestro de la modernidad. Daniel Vázquez Díaz (1882-1969) conoció a los escritores de la generación del 98, del 14 y del 27, y participó en las actividades y exposiciones del momento, como las de la Sociedad de Artistas Ibéricos o la creación del Museo de Arte Moderno de la República. Como muchos pintores españoles, entre 1906 y 1919 Vázquez Díaz busca en París las últimas novedades en el arte, novedades que había visto en Sevilla en la obra de Zuloaga, Iturrino, Canals o Echevarría. En la ciudad del Sena se reúne con artistas y escritores españoles y latinoamericanos: Picasso, Juan Gris, Rubén Darío… Asiste por tanto al nacimiento del cubismo, aunque su pintura está más influida por Cezanne y el postimpresionismo. En París pintó toreros, mujeres con mantilla y otras formas del folclore hispano –los temas españoles estaban de moda desde que Manet pintara en 1864 Torero muerto–. El artista creó hacia 1908 Toreros saludando o Ave César. El colorido vibrante de esta obra procede de Gaugin y está muy lejos de la imagen de la España negra, sombría y triste que atribuimos a la generación del 98. Zuloaga también había tratado este tema en 1906 en Torerillos de pueblo. Los dos parten de la pintura postimpresionista francesa. Paul Cezanne fue otro de sus referentes. Su influencia se verá sobre todo en el Autorretrato de 1912, donde propone una visión más analítica en su acercamiento a la realidad. Sorprende la ausencia de los ojos, sustituidos por sombras, como si quisiera aludir a la importancia de la mirada interior.

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