También yo soy migrante
Alabo iniciativas como la que señalaba Javier Rubio en su artículo del número de Octubre de Ciudad Nueva sobre el proyecto Alma Natura con el fin de revitalizar los pueblos.
Soy uno de tantos que procede de la llamada España Vaciada. Cuando era niño, mi pueblo era un lugar bullicioso, con sus tiendas, talleres de todo tipo, fábrica de harinas, etc. Había más de medio centenar de mineros del carbón y tenía hasta dos ferias anuales de ganado. Pasaban de 2.000 los habitantes que tenía, por lo que, siendo de la provincia de Teruel, no era de las más pequeñas poblaciones. Pasados los años, ha ido en disminución, hasta quedar reducido actualmente a poco más de 500 habitantes, lo que supone una densidad de menos de cinco por km². Con la particularidad de que en torno al 20% son inmigrantes marroquíes llegados en los últimos años, los cuales, por cierto, ya integran sobre un 60% de la población infantil.
Terminados mis estudios y cumplido el servicio militar, me vi abocado a emigrar, pues en otro lugar se me ofrecían mejores condiciones económicas. De modo que me establecí en el País Vasco, donde me casé, nacieron mis hijos y permanecí durante varios años. Posteriormente recalé en Murcia, donde fijé mi residencia con vocación de permanencia.
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