La confidencia sincera de un amigo me ayuda a afrontar un tema difícil aunque cotidiano: «Desde mi cierto escepticismo, llego a creer que la edad o, mejor, la vida misma hace que tarde o temprano la mayoría lleguemos a sentir solidaridad ante las duras situaciones que percibimos en nuestro entorno (siempre mayores que las propias). Al final, por egoístas que nos reconozcamos, siempre nos conmueve la adversidad ajena. Creo yo». Yo también lo creo.