Caminando con Jesús hacia Cafarnaún, los discípulos discuten animadamente entre ellos. Pero cuando Él les pregunta de qué discuten, no se atreven a responder, quizá porque les da un poco de vergüenza, pues estaban tratando de establecer quién era el mayor de ellos.
Jesús había hablado varias veces de su misteriosa cita con el sufrimiento, pero para Pedro y los demás era un tema demasiado difícil de entender y de aceptar. En realidad, solo después de la experiencia de la muerte y resurrección de Jesús descubrirán verdaderamente quién es Él: el hijo de Dios que da la vida por amor.
Por eso, para ayudarlos a ser en verdad sus discípulos, Jesús se sienta, los llama a su lado y les revela la verdadera naturaleza del «primado evangélico»:
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