La implicación de esta comunidad en la ciudad es una constante desde hace años. Es ya una tradición, por Navidad, encontrar a los más jóvenes invitando a comprar la flor de pascua. El dinero recaudado cada año con la venta de pascueros se destina a una situación de necesidad. La última vez, por ejemplo, supieron de unos alumnos que no disponían de tablets y no podían seguir las clases on line. Toda la comunidad se involucró y consiguieron adquirir bastantes tablets. El ayuntamiento conoció la actividad y resaltó esta acción juvenil ejemplar para la ciudad. También hay quien, sabiendo que algunos alumnos no pueden costearse clases particulares, ofrece su salón para esas clases extras que ayudarán a aprobar y a abrir las posibilidades de un futuro más digno.
Loli y Antonio se desempeñan como voluntarios en la Pastoral Penitenciaria. Van dos veces por semana a la prisión e imparten cursos de resolución de conflictos y de drogodependencias, en dos módulos diferentes, y siempre mantienen informada a la comunidad de su actividad. Para mitigar en cierta medida la soledad de los presos, potenciada en estos tiempos de pandemia, propusieron aprovechar las fiestas navideñas para que cada una de estas personas recibiese una carta de felicitación. Era una manera de acercarse al hermano que está privado de libertad. Loli y Antonio constatan que el hecho de poner en común estas ideas con todos potencian la creatividad: a la hora de hacer las tarjetas, estas llegaban acompañadas de bombones y otros detalles. Los reclusos se sintieron muy contentos y agradecidos.
La generosidad de estos jiennenses, el servicio a los demás, sigue con nuevas acciones incluso simultáneas y salen al encuentro del que pasa hambre y necesidades básicas. Juntos promueven una campaña para comprar alimentos para un comedor social donde el número de comensales va en aumento. El éxito de la campaña es tal que trimestralmente logran enviar una larga lista de productos de primera necesidad. (Ver Ciudad Nueva enero 2021).
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