La OMS ha declarado la Década del Envejecimiento Saludable (2020-2030) con el propósito de aunar esfuerzos para mejorar la vida de los mayores, así como la de sus familias y comunidades. Desarrollar y mantener a edad avanzada el bienestar no consiste en la mera ausencia de enfermedades, sino en fomentar la capacidad funcional que permita a las personas mayores ser y hacer lo que ellas prefieran.
En 2019 la población mundial mayor de 60 años era de mil millones, en 2030 se prevé llegar a los 1.400 millones y en 2050 a los 2.100 millones. Ello tendrá una importante repercusión en todos los aspectos de la sociedad, en particular sobre los mercados laboral y financiero, la demanda de bienes y servicios (educación, vivienda, salud, atención a largo plazo, protección social, transporte, información, comunicaciones), y también sobre la estructura familiar y los vínculos intergeneracionales.
La Década se centrará en cuatro ámbitos de actuación. El primero, y crucial en mi opinión, implica cambiar nuestra forma de pensar, sentir y actuar con respecto a la edad y el envejecimiento. Si bien los mayores aportan mucho a la familia, a la comunidad local y a la sociedad en general, es común la actitud negativa hacia ellos. Los estereotipos (cómo pensamos), los prejuicios (cómo nos sentimos) y la discriminación (cómo actuamos) respecto a las personas en función de su edad, lo que se conoce como edadismo, afecta a personas de todas las edades, pero tiene efectos especialmente perjudiciales para la salud y el bienestar de los mayores. En 1969 el gerontólogo estadounidense Robert N. Butler introdujo el término ageims (edadismo) entendido como «profundo desorden psicológico caracterizado por el prejuicio institucional e individual contra las personas mayores, estereotipándolas, mitificándolas, desaprobándolas y/o evitándolas».
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