Hoy viajamos por tierras gallegas y extremeñas. Hablamos con Enrique y Fina, de Vigo. Comienza nuestra conversación hablando de que su comunidad está incompleta porque son apenas una decena y no tienen jóvenes entre ellos. El número no importa, pero echan de menos la savia nueva que la juventud aporta. Pero eso no les impide vivir en grupo las experiencias que cada uno trata de hacer. Hay quien colabora muy activamente con Caritas parroquial, y cuando surge alguna necesidad urgente, enseguida lo comunica por WhatsApp a la comunidad. Ese medio de comunicación lo usan mucho, les ayuda a sentirse unidos, conociendo las alegrías, las necesidades, el día a día de cada uno. Acoger, abrir las puertas de casa en plena pandemia, o ir a conocer al que ha contactado con ellos por medio de internet, es el hermano que se presenta y que hay que atender sin pretender nada más.
Esta comunidad local no pasa desapercibida para la diócesis; desde pertenecer al consejo pastoral diocesano a solicitar siempre su colaboración en las actividades diocesanas. Por ello podemos contar que en Vigo hay una comunidad viva muy implicada en la Iglesia local. Al final de la conversación, desaparecía la sensación de estar incompletos, pues me reconocían que ir conociendo cada mes a las otras comunidades locales, le hacía sentirse esa familia que Chiara dejó como horionte.
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