Tras diversas oleadas de la pandemia, podemos hacernos cargo del compromiso social con los más vulnerables, que han vivido y siguen viviendo el rostro más dramático de la doble crisis provocada por esta situación: la crisis sanitaria y la crisis económica. Del testimonio de este compromiso en la Iglesia, así como en las otras Iglesias cristianas, otras confesiones y otros grupos comprometidos con la dignidad humana desde distintas convicciones, el de Cáritas resalta por su dimensión tanto cuantitativa como cualitativamente.
Cicatrizando heridas
Dicen los obispos españoles en su mensaje para la jornada del «Día de la caridad» celebrado el mes pasado, que «la pandemia está dejando tras de sí muchas vidas rotas y profundas heridas que, sin embargo, están siendo cicatrizadas gracias al fomento de los lazos de colaboración, ayuda mutua y redes comunitarias que brotan de la fraternidad en una comunidad que sostiene. He ahí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura. Nadie puede pelear la vida aisladamente […] Se necesita una comunidad que lo sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. ¡Qué importante es soñar juntos! (Fratelli tutti, 8). De estas palabras del Papa son testigos, durante las veinticuatro horas del día, los discípulos misioneros de Jesucristo en Cáritas, las personas que hacen posible el servicio de la caridad en las parroquias o en otras instituciones caritativas de la Iglesia».
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