Los sucesos en la ciudad autónoma de Ceuta a mediados de mayo han vuelto a reavivar heridas en las relaciones con Marruecos que cada tanto supuran. El asunto tiene muchas caras, demasiadas; aquí nos fijamos en la que creemos más llamativa con el artículo de M. Teresa Ausín: «Teen Immigration: la primera generación de adolescentes que emigran solos a Europa».
El fenómeno de las migraciones, que tiene muchas implicaciones políticas, adolece de planteamientos capaces de superar barreras. Pedro Pablo Núñez se pregunta: «¿Por qué es necesario hacer de la fraternidad una categoría política?». «Necesitamos –responde– categorías políticas que superen la paradoja entre la sensibilidad de los programas y la simplificación maniquea de los discursos políticos». El Movimiento Político por la Unidad, del que nos habla Nieves Cruz en su artículo «Por una política de calidad», aboga por un acercamiento entre la clase política y la gente de a pie, y un ejemplo de ello nos lo traen nuestros jóvenes redactores en su colaboración «Velar por un mundo unido». También Victoria Gómez, en su serie de artículos sobre la ciudad y la ciudadanía, nos trae notables ejemplos de una actividad política que tiene como primer objetivo a las personas: «Hay derechos humanos y valores antropológicos –dice Mario Bruno–por encima de las distinciones partidistas. La fraternidad, como categoría y vínculo entre políticos, transforma las diferencias en riqueza para el cuerpo social».
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