La Economía de Comunión surgió en 1991, pero su razón de ser sigue tan vigente o más que aquel 29 de mayo en el que Chiara Lubich, lanzó el proyecto en Saõ Paolo (Brasil) para acortar la brecha entre ricos y pobres: «No basta un acto de caridad, hacer alguna que otra obra de misericordia, un pequeño superfluo: es necesario que empresas enteras, grandes y pequeñas, libremente pongan en común sus beneficios».
Esta mujer, hoy en proceso de beatificación, no era economista. Isaías Hernando, presidente de la Asociación Internacional Economía de Comunión explica: «Chiara lanzó una semilla, fue una intuición profética que no nació de una lógica económica, sino de la necesidad de responder al problema de la desigualdad». Y subraya el papel de los empresarios que con convicción lo han ido haciendo realidad en unas mil empresas repartidas por todo el mundo.
Empresarios que lo han apostado todo al “dar”
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