La persona: una unidad en sí misma
«Se piensa que la mujer y el hombre, para ser completos, tienen absoluta necesidad el uno del otro, y no pueden realizarse sino mediante el complemento del otro sexo. Ahora bien, María, que está sola, contradice completamente esta idea. Ella, precisamente, es esposa de Dios y fue madre de Jesús en la más perfecta virginidad. Ella es completa, contiene en sí a toda la humanidad; es decir, Dios la ve como el tipo de criatura humana, sea hombre o mujer, la criatura en plenitud, que encuentra su perfección en la relación con Dios».
«Incluso estando unidos el hombre y la mujer, completándose en la familia, Dios quiere a cada uno solo con Él, completo en sí mismo, capaz de ser el primero en amar»1
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