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Correspondencia

Pepe Querol

Mi balance


Mi balance
 
Cuando empezó el año tuve una necesidad imperiosa de poner en la balanza todo lo acontecido en 2020, esos 365 días llenos de vida y trabajo, mucho trabajo… Cuando comenzó, parecía que se presentaba como cualquier otro, pero pronto nos dimos cuenta que no iba a ser así. El coronavirus abarcó todo lo imaginable y supuso un punto de inflexión entre el pasado inmediato y el presente, con una carga de sufrimiento grande por la pérdida de seres queridos, de trabajo, situaciones de extrema necesidad… Tal vez estábamos ante el cambio de una era histórica a otra, un antes y un después. Ya nada volvería a ser igual. Era necesario reordenarlo todo y aprender la lección de que la sociedad de confort ya no se podía mantener con el simple acúmulo de cosas materiales para ser felices, sino que habría que poner el acento en algo más profundo del ser humano, que la verdadera felicidad no viene de lo superficial, sino de mucho más adentro, ahondar más en la experiencia de la vida, aprender a ser más empáticos, más generosos, más ecológicos, más humildes… 
No quiero malgastar palabras en hablar de lo mal que fue 2020, quiero poner la mirada en el futuro y pensar que «lo mejor está por llegar» (canción del coro Gospel Gloria en el que canto). El mundo es de los emprendedores, de los que luchan y no tiran la toalla, o si caen, tienen el valor de levantarse, de los que ven la botella medio llena y no medio vacía. Si para ello he de morir en el intento, habrá merecido la pena. 

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