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El trabajo visto por los artistas

Clara Arahuetes

ARTE


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Desde sus orígenes el ser humano se ha servido del arte para reflejar la vida cotidiana, documentando los usos y costumbres de todas las épocas y mostrando la evolución del ser humano y de su entorno. El trabajo, como motor que mueve el mundo, aparece en las primeras manifestaciones artísticas, que se remontan al paleolítico, cuando el hombre vivía de la caza y la pesca. De todos es conocida la Cueva de Altamira en Santillana del Mar (Santander), llamada la Capilla Sixtina del Paleolítico. Hace 15.000 años el hombre pintaba bisontes y escenas de caza, seguramente con un significado mágico, pensando que la representación de un animal propiciaría su caza. También las grandes civilizaciones, como Egipto, Grecia o Roma, nos han dejado información a través de sus obras artísticas de cómo construyeron sus ciudades y sus casas, de cómo era la sociedad, el trabajo de campesinos y artesanos, el funcionamiento de la administración y la burocracia.
 
En la Edad Media, durante la época de esplendor del románico y en los primeros años del gótico, se utilizó la pintura mural para revestir los templos. Ahí  y en las miniaturas de los códices y en las vidrieras, descubrimos escenas de la vida diaria. Un ejemplo es San Isidoro de León (1150). En el interior de algunos arcos están representados los doce meses del calendario agrícola, y cada mes está personificado por una figura trabajando en algo habitual en la época: siega en julio, vendimia en septiembre, matanza en noviembre…
 
Los cambios económicos que afectan a la industria y el comercio en Europa en los siglos XVI y XVII tienen su reflejo en el arte, sobre todo en los Países Bajos, donde el poder político y económico se concentraba en la burguesía, principal clientela de los artistas. Surge así la pintura de género (Brueghel, Quintín Metsys, Vermeer…) que describe con realismo la vida cotidiana, aunque muchas veces esconde un significado simbólico. Así lo vemos en La Contable de Nicolás Maes, El cambista y su mujer de Metsys o en la Mujer con una balanza de Vermeer, donde el juicio final que aparece en la pared y la balanza, símbolo del propio juicio, recuerdan la importancia de vivir con moderación para obtener la salvación. 
 
Velázquez pinta escenas de trabajo para contarnos un tema mitológico, como La fragua de Vulcano y Las Hilanderas, que aparentemente representa un obrador de tapices donde unas mujeres trabajan, mientras que en segundo plano se describe la fábula de Ariadna. Goya trata el tema social en algunas de sus obras, como en El albañil herido, donde describe el riesgo de esta profesión, subrayando la honradez de los oficios que defendía el gobierno ilustrado.
 
En el siglo XIX, el tema de la dignidad del trabajo, también con su aspecto doloroso, aparece representado en todos los países europeos. Una de las obras más conocidas es el Ángelus de Millet: con los dos campesinos que dejan su trabajo para rezar el artista transmite un profundo sentido de silencio y recogimiento. Sorolla es otro de los artistas que representa el tema social del trabajo en muchas de sus obras, como en ¡Aún dicen que el pescado es caro!, que muestra el interior de la bodega de un barco donde un joven marinero ha sufrido un accidente y es atendido por dos compañeros de semblante serio y concentrado. El pintor construye una composición equilibrada, con un audaz encuadre casi fotográfico que se inspira en las estampas japonesas. Otras pinturas como La vuelta de la pesca, Pescadores valencianos, Fin de jornada… también reflejan la vida de los marineros de las playas valencianas.
 
En el Museo Thyssen, podemos ver algunas obras de Van Gogh relacionadas con el trabajo, como Los descargadores en Arles, donde el pintor deja a un lado las ideas impresionistas y opta por formas más sintéticas y con fuertes contrastes de color, destacando a contraluz los motivos de la composición. En Sembrador a la puesta del sol o Campesinos durmiendo la siesta expresa el sufrimiento y la paz de la vida en el campo. 
También Picasso en Los segadores muestra el entorno rural y en La planchadora muestra el trabajo de la mujer en la casa, donde la sobriedad que sugiere el espacio ahonda en el cansancio resignado en el que está inmerso la planchadora.




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