logoIntroduzca su email y recibirá un mensaje de recuperación de su contraseña






                    




articulo

Pequeños gestos y la soledad se transforma en amor

Por María Chiara y Naroa Arnáiz, Marta Aguado, Álvaro Pacheco

Atreverse a cuidar nos gusta. Cuidar a personas de nuestro entorno, el medio ambiente, a quien lo necesite... Claro, estando confinados no se nos ocurren ideas geniales, pero ya desde casa podemos hacer mucho.


pdf
Marta: 
«También en Madrid ­­los jóvenes han tenido la idea magnífica de acompañar a las personas más mayores de nuestras comunidades, que están solas, con mucho recorrido de vida y gran experiencia que compartir. Han empezado. Hablan con ellas por lo menos una vez al mes y es muy enriquecedor: los mayores están felices de relacionarse con los jóvenes, que a su vez aprenden muchísimo. Ven el amor recíproco que viene y va».
 
M. Chiara y Naroa:
«En nuestro grupo de Bilbao, Burgos y Valladolid (11-16 años) nos hemos propuesto pensar en las personas más solas, enfermas o ancianas. Lo que escribimos  a continuación es experiencia nuestra y de Ainara, Amaia, Ane, Ian, Iker, Inés, June, Leixuri, Lucía, María, Naia, Nora, Silvia e Íñigo».
«La abuela de una amiga está enferma. Hicimos dibujos, cartas personalizadas, y la abuela se puso muy contenta. Últimamente nos hemos preocupado más de nuestros abuelos. Como no podemos ir a visitarlos, les hacemos vídeo llamadas y al vernos se alegran un rato. Una de nosotras un día pudo ir a visitarlos. Viven en un pueblo muy pequeño y lejano, donde hace mucho frío. Pero tenía muchísimas ganas de darles esa alegría. Estuvo un buen rato con ellos y, aunque deseaba darles un abrazote, no lo hizo porque ahora no se puede. Pero... ya llegará».
Tratamos de superar la timidez con quienes no conocemos: «Un día estaba con mis amigas y vimos a una chica con muletas que se cayó al suelo. Enseguida fuimos a ayudarla. Otro día encontramos en la calle a dos chicas extranjeras que buscaban un centro comercial. Como no sabíamos explicarles dónde estaba, las acompañamos. Ahora no podemos salir mucho con las amigas, pero un día quedamos para vernos. A una su padre no la podía traer, así que  fuimos a buscarla para que no se quedara sola».
También en el colegio o instituto queremos atrevernos: «Teníamos que hacer un trabajo de grupo y un compañero estaba muy agobiado, incluso enfadado, triste y desanimado. Para ayudarlo empezamos el trabajo y después él se añadió más esperanzado».
«Ha fallecido el padre de mi tutor, que, claro, no conocíamos, pero notábamos a nuestro profe muy triste y apagado. Para animarlo, se me ocurrió hacerle un vídeo con toda la clase y así poder sacarle una sonrisa».
«Un día una amiga vino muy triste al colegio y nos contó que un familiar suyo había fallecido. Intenté animarla, le dije que a ese familiar no le gustaría verla sufrir de ese modo y se alegró un poco». Son gestos pequeños, pero que nos hacen sentir bien porque podemos ayudar al prójimo y sus reacciones son increíbles.
«Hace unas semanas supimos que la familia de una amiga estaba sufriendo porque tenían a alguien muy enfermo. No los conocemos, pero quisimos hacer algo por ellos. Teníamos que atrevernos y superar la timidez poniendo en acción nuestros talentos. Con hermanos y amigos hemos grabado un video para darles ánimos y alegría, con músicas, bailes, expresiones de cariño y cercanía y la seguridad de que Jesús les ayuda. Nos quedaba alguna duda de que les pudiese gustar. En cambio cuando el enfermo lo vio se alegró mucho y con sus pocas fuerzas nos quiso mandar un gracias de corazón. Alguien de su familia nos ha dicho que viéndolo tan contento sintió emoción y consuelo. El amor así ha llegado a muchos. Ahora todos los días con nuestras familias rezamos por ellos: los queremos y estamos convencidos de que Jesús va a sostenerlos».
 
Álvaro: 
«Dare to care - atreverse a cuidar, tiene que ser nuestro lema para toda la vida y aplicarlo diariamente. Hace unos días hicimos la quinta edición de un concierto solidario. Con los ingresos, apadrinamos los estudios de una niña y otra parte la donamos a una residencia de ancianos. ¿Por qué?, pues porque nos hemos atrevido, hemos visto la oportunidad de ayudar y a la vez pasárnoslo bien, de manera que hacer el concierto no nos resulta un peso. Ayudar no tiene por qué costar o dar pereza, sino que es algo que queramos porque sale de nosotros. A veces cuesta muy poco sacar una sonrisa a alguien, no se necesitan grandes acciones para ayudar o hacer feliz al otro. Se logra con esas pequeñas cosas del día a día. Hoy, por ejemplo, mi padre buscaba a alguien que le acompañase a recoger unas cosas. Como nadie se ofrecía, acabé yendo yo, pero sin el peso de que no me apetecía, sino pensando que iba a hacer feliz a mi padre con algo que ni siquiera me costaba tanto».




  SÍGANOS EN LAS REDES SOCIALES
Política protección de datos
Aviso legal
Mapa de la Web
Política de cookies
@2016 Editorial Ciudad Nueva. Todos los derechos reservados
CONTACTO

DÓNDE ESTAMOS

facebook twitter instagram youtube
OTRAS REVISTAS
Ciutat Nuova
Unidad y Carismas