En estos tiempos parece que hay un abismo entre el arte y la fe, pocos artistas muestran interés por temas religiosos. Sin embargo la reforma de la capilla en la residencia de la Congregación de San Pedro Apóstol nos muestra que no es así. Hablamos con el teólogo Diego J. Figueroa sobre este tema.
–La Congregación de San Pedro Apóstol fue fundada en 1619 por Jerónimo de la Quintana. Además de sacerdote y rector del Hospital de La Latina, fue cronista de Madrid. ¿Cómo nació esta congregación y cuál ha sido su historia? ¿Qué sentido tiene hoy?
–Madrid era ya la capital del Reino y eso propició un aumento de gente de todo tipo que iba y venía. La vida de los sacerdotes era muy diferente de lo que es ahora, cada uno se buscaba la vida como buenamente podía, también muchos vinieron a Madrid. De la Quintana y sus compañeros observaron que no todos encontraban recursos para vivir, y así nace la Congregación para dar solución a estas situaciones. Hoy se pone a disposición de los sacerdotes, y también de la diócesis, para colaborar en sus necesidades. Es una cuestión de caridad fraterna. La residencia sacerdotal, en pleno centro de Madrid, es solo un ejemplo de esa solicitud.
–Con motivo del cuarto centenario, se ha reformado la capilla en la residencia de la Congregación. El proyecto es del arquitecto José Gabriel Bernabé Collados, quien ha dirigido la obra en colaboración con Esther Prieto Puig. Y ha intervenido el pintor brasileño Sergio Cerón Alves, que ha pintado los muros del recinto y decorado los elementos litúrgicos metálicos, realizados por el artesano ucraniano Safroni Melek. Llama la atención la unidad creativa que desprende el proyecto y su profundo sentido teológico ¿Cómo ha sido esta colaboración? ¿Qué mensaje quiere transmitir el programa iconográfico de la capilla?
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