El Atleti venía de jugar hacía tres días y las piernas de los jugadores notaban ya el cansancio, el 1-0 a favor parecía peligrar, y la Real Sociedad podía empatar en cualquier momento. Fue entonces cuando Diego Pablo Simeone (el Cholo), entrenador del conjunto rojiblanco, hizo aspavientos dirigiéndose a la grada para azuzar al público y que este animase al equipo. El Calderón, campo del Atlético por aquel entonces, empezó a rugir y a llevar en volandas al equipo, que consiguió sacar fuerzas de flaqueza y aguantar el resultado hasta el final. Dijo el Cholo al final del partido: «A partir del aliento de la gente no se que pasó que el equipo controló el final. Se sacaron tres saques de esquina, se tuvo alguna opción de gol…». Y es que «cuando la gente está, el Calderón es maravilloso».
¿Cuánto pesa el empuje de una afición? ¿Cuánto ayuda la gente al equipo? ¿Cuánto influye en el resultado el rugir del público? Estas preguntas me vienen a la mente ahora que veo los campos de fútbol vacíos debido a la pandemia de coronavirus. La respuesta, me dije, está como casi siempre en los datos, en las matemáticas. Y me fui a revisar estadísticas de temporadas anteriores.
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