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El Greco, Toledo 1900

Clara Arahuetes

Exposición
En noviembre del 2006 el Museo del Greco cerró las puertas para modernizar sus instalaciones. Aprovechando esta coyuntura, se organizó una exposición itinerante con las obras del pintor, que empezó en el Museo del Prado. Por primera vez se reunieron los fondos del artista propiedad de la pinacoteca madrileña, incluyendo San Bernardino, obra depositada en Toledo desde 1910. En Sevilla, Valencia y Zaragoza el hilo argumental de la exposición fue la relación del pintor con Toledo, sus paisajes y los personajes vinculados al artista. Ahora “El Greco, Toledo 1900� vuelve a la ciudad del Tajo, donde podrá visitarse durante todo 2009. Además de los lienzos y algunas esculturas, se muestran fotografías inéditas de las obras del pintor realizadas a principios del siglo XX, momento en que el artista cretense dejó de ser considerado extravagante y su pintura empezó a ser revalorizada. Se descubre entonces la libertad del alma del artista, que no sigue las normas académicas, y ello es tremendamente atractivo y moderno. Bartolomé Cossio estudió su obra y el marqués Vega Inclán le ayudó a buscar pinturas del cretense; a ellos debemos el actual Museo del Greco en Toledo. En la exposición podemos ver los retratos de los hermanos Covarrubias, hijos del arquitecto de la catedral de Toledo, “Las Lágrimas de San Pedro� y el excepcional conjunto del “Apostolado� presidido por “El Salvador�, además de otras obras procedentes de colecciones públicas y privadas. El Greco fue un artista polémico en su tiempo, criticado y al mismo tiempo apreciado por una minoría. Durante siglos fue condenado al olvido, hasta que en el siglo XIX la Generación del 98 lo recupera, considerándolo el pintor más castizo y representativo de lo español y de la religiosidad del siglo XVI. Tampoco el Museo del Prado lo ha considerado siempre como un artista fundamental de la historia de la pintura. La pinacoteca contó muy pronto con algunos retratos del pintor procedentes de la colección real. Después, al desaparecer el Museo de la Trinidad, aumentó sus fondos con obras del Greco, pero quedaron relegadas a los almacenes o en salas marginales, y aparecía en los catálogos como un artista secundario de la escuela italiana. Esta valoración cambió en 1910, cuando fue reivindicado por artistas e intelectuales, y desde entonces es reconocido como un gran referente de la pintura española. En 1902 se le dedicó la primera exposición monográfica, que contribuyó de manera decisiva al conocimiento de su obra, tanto en España como en el extranjero. A partir de 1920 tuvo una sala propia. La obra del Greco pone de manifiesto la amplitud y heterogeneidad de los componentes culturales que forman su estilo: desde su formación en Creta, donde coexiste la arraigada tradición bizantina con una primera asimilación del lenguaje pictórico occidental, a su estancia durante diez años en Italia en contacto directo con las fuentes del Renacimiento. Estuvo en Venecia y en Roma, y conoció a Tiziano, Tintoretto, Bassano y Miguel �ngel. Por último vino a España y residió en Toledo durante 37 años.

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