La historia de Carlo Acutis, el joven genio de la informática que acaba de ser beatificado en Asís, es la historia de cómo hacer de una vida ordinaria algo extraordinario. Es la historia de un chico normal que luchó por colocar a Dios en primer lugar y que usó internet para evangelizar. Aunque sabía que la comunicación, la publicidad y las redes pueden ser utilizadas para volvernos «seres adormecidos, dependientes del consumo u obsesionados con el tiempo libre», él fue capaz de usar las «nuevas técnicas de comunicación para transmitir el Evangelio y para comunicar valores y belleza», ha explicado el papa Francisco. Y es que, con solo once años, el joven italiano comenzó a trabajar en una web y una exposición sobre los principales milagros eucarísticos que hoy sigue siendo visitada por miles de personas de todo el mundo. Su madre no oculta su emoción al contar lo impresionante que era «ver a un niño tan joven pasar horas y horas trabajando con el ordenador para que todo el mundo comprendiera que la Eucaristía es lo más increíble que hay en el mundo». Pero lo más impresionante de su vida no fue que agotara tres ordenadores en este trabajo ni pidiera a sus padres que le acompañaran por toda Italia y parte de Europa para hacer fotos para la causa, sino su actitud desde el momento en el que le diagnosticaron una grave leucemia. Con menos de quince años, dijo a sus padres: «Ofrezco al Señor los sufrimientos que tendré que padecer por el Papa y por la Iglesia, para no tener que estar en el Purgatorio y poder ir directo al cielo».
Todos los que le han conocido coinciden en que tenía algo especial, pero él no se consideraba distinto. Les decía a sus amigos que todos podían ser santos, que «lo importante era quererlo». Ya dijo el papa Francisco en la exhortación Gaudete et exsultate que todos, no solo los sacerdotes, estamos llamados a la santidad: en el trabajo, en la amistad, en la familia y en las relaciones sociales. Y la breve pero ejemplar vida de Carlo nos ha demostrado que la santidad no quita fuerzas, vida o alegría, sino al contrario. Nos hace «más vivos, más humanos», concluye el pontífice. Ahora bien, como explica el ya conocido como ciber apóstol de la Eucaristía, no hay que entender la santificación como un proceso de suma, sino de resta: «Menos yo para dejar espacio a Dios». Algo que en medio de la sociedad en la que vivimos parece cada vez más complicado. Por eso mismo, por la dificultad de esta empresa a la que todos estamos llamados, el papa Francisco celebra que este joven no cayera en la trampa, que no corriera detrás de lo que nos imponen otros a través de los mecanismos de «atontamiento», y dejase que dieran fruto los dones que el Señor le dio. Carlo acertó al decir que «todos nacen como originales, pero muchos mueren como fotocopias». Así que no tengamos miedo de ir a contracorriente y apuntar más alto.