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Cine - Fátima, la película

José Luis Panero


El 16 de octubre las salas de cine españolas acogen el estreno de Fátima, la película, de cuya dirección se ha encargado el cineasta italiano de 54 años Marco Pontecorvo, que ha construido una hermosísima y necesaria historia sobre los videntes de Portugal, que profundiza en el mensaje de la Virgen. De la distribución se encarga Diamond Films con el apoyo de Bosco Films.

La historia, inspirada en hechos históricos y en las memorias de la Hermana Lucía, tiene su punto de origen en Portugal, en 1917. Tres niños afirman haber visto a la Virgen María en la tierra de Cova de Iría, en la ciudad de Fátima. Son Lucía, de 10 años (hoy sierva de Dios), y sus primos Francisco y Jacinta, de 9 y 7 (hoy santos). Sus revelaciones enfurecen al gobierno y a algunos miembros de la curia, que intentan persuadirlos de esa historia sobre las apariciones. Sin embargo, y a medida que se extiende la noticia, miles de peregrinos acuden al pequeño pueblo portugués con la esperanza de presenciar un milagro. Lo que allí experimentan cambia sus vidas para siempre.

Bravo por la valentía de Marco Pontecorvo (hijo del aclamado cineasta Gillo Pontecorvo, autor de la espléndida La batalla de Argel, de 1966), por dotar de actualidad –no sólo en perfección técnica y estilo– a unos sucesos llevados al cine con anterioridad con buenos resultados, como es el caso, por ejemplo, de La señora de Fátima (Rafael Gil, 1951). Pontecorvo demuestra tener gran personalidad narrativa y logra un brillante resultado –por encima de las películas ya conocidas del género, que abundaron en los años 50 por estar centradas en temática religiosa– al dejar más espacio para la reflexión sin caer en el adoctrinamiento o en una fe enmascarada.

Con exquisita sensibilidad y sencillez muestra a la Virgen insertada en medio de la naturaleza con todos los elementos que la conforman. La brisa se agita con tiento en el campo de trigo y así preludia su presencia, descalza, moviendo ligeramente los pies, ataviada con una túnica y un velo blanco. De esta manera, Pontecorvo ha conseguido una Virgen creíble, a la que vemos su hermoso rostro, sin necesidad de artificios, igual que Gibson logró un Jesús creíble en La pasión de Cristo (2004).

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