En el número anterior acabé proponiendo mirar esa verdad que está en los adolescentes y que raramente salta a la vista. Propongo al lector adulto cinco aspectos que sintetizan esta mirada.
1– Sin marcha atrás: La adolescencia tiene que ver mucho con el pasado pero mucho más con el futuro. Una persona con 14, 16 o 18 años no volverá a su añorada infancia, sobre todo por sus padres, pero sí que despertará un día como persona adulta. Todo adolescente afronta esta etapa desde lo que vivió en la infancia, pero la vive hacia la etapa adulta. No hay marcha atrás.
2– El Ferrari: El adolescente está completo, pero no perfeccionado; está entero, pero no acabado; dotado de energía y potencia, pero debe aprender a usarla correctamente. Es como un Ferrari, con una potencia que jamás había experimentado, con unas asombrosas prestaciones, con una autopista que se pierde en el horizonte… y, para colmo, tiene las llaves. Solo le falta el carné para conducir de forma adecuada, aprovechando la máquina y adoptando precauciones. Pero el Ferrari está ahí. Aunque lo encerremos en el garaje con siete candados, lo acabará cogiendo.
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