Por un hombre-mundo
En los primeros años 70 Chiara delinea el horizonte de la globalización y la sociedad multicultural, y sobre todo el hacerse añicos los paradigmas culturales, las seguridades y las referencias, debido a la confluencia de pueblos y civilizaciones causada por el despegue de los medios de comunicación y el desarrollo tecnológico. ¿Dónde anclar un nuevo humanismo? ¿Sobre qué fundamento podrá vivir la humanidad como familia, asumiendo sus diversidades como necesidad? Chiara habla con los jóvenes, los gen, y no les esconde el dramático esfuerzo que les espera, pero les indica una clave: Jesús abandonado, una luz para quien se adentra en la aventura, hoy ineludible, de ser «mujer mundo», «hombre mundo». Siguen unos fragmentos de una intervención suya, el 22 de julio de 1972, en el congreso gen internacional.1
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