Durante los años posteriores a la crisis financiera de 2008, recuerdo haber asistido a una charla en la que un profesor universitario de economía analizaba la situación y, a la pregunta de un asistente: «¿cómo vamos a salir de esta crisis?», él respondió: «No sé muy bien cómo vamos a salir, pero de aquí saldremos todos más pobres».
Hacía referencia a una necesaria distribución de los bienes más equitativa, disminuyendo la brecha entre los más ricos y los más pobres. La pena es que, con el paso de los años, mucho me temo que no ha sido así la historia… La economía y las economías domésticas de los ciudadanos se vieron afectadas durante bastante tiempo, pero luego se fueron reactivando las dinámicas del mercado y se empezó a reactivar la economía en general, digamos, pero las economías particulares lo hicieron de diversa manera, manteniendo, cuando no incrementando, la situación de precariedad para una parte importante de la sociedad.
La recta final del invierno 2020 ha dado paso a una primavera que no tenía color de rosa, debido a la pandemia de COVID-19: una crisis de salud pública y una crisis económica, derivada de las medidas para afrontar la primera.
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