Por ejemplo, los servicios de atención y de consulta han tenido que replantearse la manera de estar cerca y acompañar a las personas. Por un lado, han de respetar obligatoriamente las limitaciones que dicta el gobierno, por otro tienen que asegurar una presencia dispuesta a escuchar y además hacerse cargo de ello de modo profesionalmente competente.
El inesperado fenómeno que estamos viviendo conlleva una enorme carga de dolor, con tantos matices que muchas veces resulta difícil expresarlos. Nos obliga a vivir situaciones inéditas que van desde el aislamiento y la soledad a la necesidad de trabajar en condiciones de riesgo, y además están las dificultades económicas. No obstante todo esto, están saliendo a flote muy buenas energías, como si de una competición de solidaridad se tratase: recogida de fondos, voluntarios dispuestos a atender a ancianos y a personas solas… Un sentido de comunidad este que nace del hecho de sentimos todos «en la misma barca».
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