La emergencia sanitaria ha hecho necesario que muchos jóvenes con poca experiencia se ofrecieran para trabajar en hospitales y otros centros, como el Hogar Don Orione de Pozuelo (Madrid), una residencia para personas con discapacidad intelectual.
Alejandra hizo el MIR en enero y estaba planeando descansar, hacer algún viaje… cuando llegó el virus y todo cambió.
«Quería hacer algo y empecé por lo más cercano: Cáritas de mi parroquia, cartas a hospitales, familias que necesitaban comida… Entonces recibí una llamada que iba a cambiar mi visión del enfermo y de la discapacidad. En medio de noticias que solo hablan del virus, de personas que fallecen solas, de la falta de material sanitario, yo estoy conociendo a Jesús a través de sus ojos. En el Hogar he redescubierto mi profesión como servicio concreto. A veces una conversación calma igual que un paracetamol, una sonrisa te alegra el día y un abrazo te hace olvidar lo malo. Pensando en el nombre del lugar, Hogar, me vienen los nombres de los que viven allí, los trabajadores, los sacerdotes… Han hecho que me encontrase de forma directa con Jesús».
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