os cuenta Marta de Granada: «Al principio del confinamiento no era muy consciente de lo que sucedía. Además, en mi casa no se hablaba de otra cosa y me enfadé mucho. Luego, la oración del Papa en esa plaza de San Pedro vacía me marcó: “¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fé?”. Comprendí que la oración debía ser un pilar fundamental y mi forma de vivir esto cambió por completo».
Jesús de Toledo reconoce las muchas oportunidades para amar activamente: practicar la paciencia, ayudar en las tareas del hogar desinteresadamente. Fue una gran lección que su párroco se haya ido a vivir a una residencia de ancianos con falta de personal para ofrecer su ayuda. Carmen de Sevilla: «En mi casa, gracias a Dios, estoy muy acompañada: cinco hermanos con mis padres y buenos momentos juntos. A veces se hace cuesta arriba mantener el amor recíproco que nos hemos prometido, o por un desacuerdo con los padres o por conflictos con los hermanos: todo es oportunidad para amar y recomenzar».
Hay quien sufre más
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