Me llaman la atención los titulares que se repiten en la situación actual: «emergencia que la humanidad vive hoy», «crisis grave», «dramática situación»… A decir verdad, la humanidad siempre ha vivido emergencias (guerras, epidemias, catástrofes naturales...) a las que la parte del mundo no directamente afectada ha mirado sin preocuparse demasiado. Pero la pandemia causada por el coronavirus está afectando más directamente al mundo euro atlántico occidental, que generalmente se percibe como el «centro del mundo» por la influencia que ha ejercido y ejerce. Y efectivamente está condicionando nuestra forma de vivir, de producir, de organizarnos y de pensarnos a todos los niveles. Este mundo occidental se ha sentido profundamente herido y ha emitido un grito de alarma. Con razón.
Sin embargo, creo que vale la pena recordar, por ejemplo, que en diciembre pasado la agencia de noticias ANSA publicó un servicio detallado refiriendo la muerte por malaria de 400.000 personas cada año, principalmente niños. Esa noticia, actual también hoy, apenas ocupó páginas ni minutos de información en nuestros medios, no se consideró de gravedad porque estaba circunscrita a zonas geográficas distantes (por ahora). Digo «por ahora» porque no sabemos con certeza si el cambio en las condiciones de vida del planeta podría provocar que las enfermedades consideradas endémicas en ciertas áreas migraran a otras zonas.
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