Ni el tiburón, ni el cocodrilo, ni las serpientes, ni siquiera el ser humano; el animal más peligroso del mundo es el mosquito; en su haber algo más de 750.000 muertes al año.
La probabilidad de que la estadística de daños de una criatura tan pequeña (y molesta) aumente es cada vez mayor y será una realidad si no conseguimos poner en marcha medidas que reviertan la evolución actual y promuevan la desaceleración del calentamiento global. Con el aumento de las temperaturas, estos insectos ven ampliados sus radios de movimiento y hábitat, y con ellos enfermedades como el zika o el dengue, propias de zonas tropicales, que podrían extenderse a todo el mundo. Un ejemplo presente es la expansión por España del conocido mosquito tigre, cuyas picaduras inspiró un artículo que podéis recuperar en el número de septiembre de 2018 de Ciudad Nueva.
Entonces, ¿cómo podemos contribuir a revertir esta tendencia? El profesor y divulgador murciano Cayetano Gutiérrez Pérez nos propone algunos puntos sencillos y efectivos que me gustaría compartir con vosotros:
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